Miércoles, 28 Octubre 2020

logo para cedet                                     Año 2020. Edición N° 10

TEMA: Deudas de igualdad y el impacto en mujeres afrodescendientes

POLÍTICA

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Impacto del COVID-19 en la población pobre de América Latina y el Caribe

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Juanpedro Machado.

Volver a hablar de pobreza, de enfermedades contagiosas, de sistema sanitarios insuficientes o el impacto de la caída del comercio mundial en las poblaciones menos privilegiadas de las sociedades latinoamericanas parece una rutina que no tiene fin, pero algunas situaciones emergentes nos obligan a analizar el impacto sobre estas poblaciones.

Es muy conocida la situación de que la región de América Latina es considerada como la de peor distribución de la riqueza en el mundo, pero es bueno recordar que está poblada por 620 millones de habitantes, de los cuales el 21% es afrodescendiente.1

En América Latina 185 millones de personas viven bajo los niveles de pobreza, y a la vez, de estos al menos 67,4 millones viven en pobreza extrema. Según un nuevo estudio del Banco Mundial, los afrodescendientes en América Latina tienen 2,5% más probabilidades de vivir en pobreza crónica que los blancos y mestizos.2

El impacto de la pandemia causada por Covid-19 sobre la región será una razón más para la profundización de la crisis de crecimiento a la que está sometido el mundo debido a la severa restricción comercial que afecta a todos los países, y que trajo como consecuencia la suba del dólar, la baja circulación de los productos primarios, en particular el rubro alimentos, del cual nuestra región es surtidora del mercado mundial, todo lo cual se suma a la proyección de crecimiento de la región que es de 1,3%, sumada la expectativa de contracción del PIB que llegue al 0,18%, todo lo que tendrá una repercusión negativa y directa sobre el desempleo que ya es severa en la región.

La producción vinculada a las industrias del turismo es de un peso sustancial en la economía regional, y en algunos países resulta ser la primera o segunda vía de ingreso de la economía y sobre todo es una gran fuente de circulación para las economías informales, cada vez más presente en la región.

Si bien la crisis provocada por el Covid-19 afectará a múltiples aspectos de la vida de la región, sin dudas los aspectos económicos, en particular la generación de renta a través del trabajo, y el acceso a la salud serán los aspectos que más duramente afectarán a las poblaciones pobres.

La pobreza creada y sostenida en esta región se ha agudizado en algunos países siendo el desempleo una consecuencia contundente, lo que trae como consecuencia inmediata el desplazamiento de grandes masas poblacionales hacia la economía informal.

La informalidad laboral es un fenómeno complejo y multidimensional que se ha instalado en la región como un flagelo que amplía la vulnerabilidad, para el director regional de la OIT: “[…] los trabajadores no están cubiertos por la legislación laboral, ni por la seguridad social. Muchos están expuestos a condiciones de trabajo inseguras, sus oportunidades de formación son casi inexistentes, sus ingresos suelen ser irregulares y más bajos, las jornadas laborales son más extensas”, (Manuel Salazar-Xirinachs director regional de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para América Latina y el Caribe).

Para el Foro Económico Mundial el peso porcentual de la informalidad en América Latina varía según los países, en Costa Rica 30%, Uruguay 33%, Brasil 36%, Panamá 40% son los países latinoamericanos con el menor índice de informalidad, mientras que el Salvador, Honduras y Guatemala fluctúan entre el 65 y el 73% de informalidad, en números absolutos unos 130 millones de trabajadores son informales en la región. La mayoría de las instituciones que se dedican al análisis económico consideran al crecimiento de la informalidad como un indicador del nivel de pobreza de un país.

Este es un campo de incidencia directa en la capacidad de las comunidades más empobrecidas para afrontar la crisis.

El otro aspecto crítico que debemos abordar en esta emergencia es las condiciones de acceso a la salud de las poblaciones pobres.

Según la OMS en los hogares más pobres de los países de bajos y medianos ingresos, solo el 17% de las madres y los niños tienen cubiertas todas sus necesidades sanitarias.

El estado de los sistemas de salud de la región, reflejados en el informe regional “Salud en las Américas +, 2017 de la OPS, deja en evidencia la dudosa capacidad de garantizar el acceso necesario y suficiente a los servicios sanitarios frente a las demandas emanadas de brotes de enfermedades estacionales o el surgimiento de enfermedades emergentes, como el dengue y el zika o el sarampión a lo que se agregan los efectos del Covid-19. La exigencia de esta nueva situación aumenta el drama de los países, incluso aquellos en mejores condiciones económicas, dado que los sistemas no estaban preparados con la infraestructura suficiente para afrontar la pandemia, a lo que se debe agregar que el personal del sistema sanitario se transforma pasando al grupo de riesgo y son uno de los principales grupos afectados por el virus, con lo cual se profundiza la crisis en el sistema.

Los panoramas sanitarios de algunos países se complejizan porque simultáneamente tienen que lidiar con situaciones sanitarias provenientes del envejecimiento de su población como son las enfermedades crónicas no trasmisibles como la diabetes y la hipertensión. Otro reto es abordar los efectos imprevisibles, pero a menudo devastadores, del cambio climático, incluido el aumento de los desastres naturales, en la morbilidad y la mortalidad, en particular en los pobres, la población joven, las personas mayores y las mujeres (Salud en las Américas+. 2017).

Las medidas sugeridas por la OMS para prevenir la infección con el nuevo virus también pretenden que la población no acuda a los centros hospitalarios salvo situación de una sintomatología respiratoria aguda para evitar la aglomeración y la vez preservar los recursos para los casos más graves.

La imposición del aislamiento social, la circulación en vías y edificios públicos, el cierre de los comercios formales, la prohibición de la realización de espectáculos, los cierres de fronteras para la circulación turística, las incapacidades del sistema sanitario para la cobertura de la demanda de la población por necesidades de la emergencia generan un panorama poco auspicioso para superar a la brevedad las consecuencias de la infección colectiva.

En este panorama las poblaciones empobrecidas, en particular las mujeres jefas de familia y los jóvenes que dependen de la generación de ingresos por trabajos informales, con insuficiente acceso a los servicios médicos de calidad son los grupos donde se concentrarán las consecuencias de la crisis. Habrá un aumento de la precariedad alimentaria y falta de dinero para la adquisición de insumos para mantener la higiene adecuada de forma sostenida y frecuente.

Frente a esta situación nos preguntamos cuales son las rutas a través de las cuales se pueda ayudar a las comunidades más pobres a poder sobrellevar esta crisis y conseguir nuevas perspectivas a futuro en relación a sus situaciones económicas y sanitarias.

La solidaridad es un principio esencial en las comunidades de base, y es uno de esos conceptos que solo tienen sentido en la práctica, en la acción para resolver las situaciones que los menos favorecidos no las pueden satisfacer por sí mismos. La experiencia de las ollas populares, una práctica que se extiende por todo el país, tiene una larga tradición en Uruguay, donde es práctica de las comunidades frente a las adversidades económicas como las emanadas por el Covid-19. Estas ollas populares alimentan a personas y familias cuyos ingresos dependen de los trabajos informales que las coyunturas de crisis, en un tiempo muy corto, impiden que puedan generarles la renta de cobertura diaria.

Estas acciones solidarias se multiplican en otros sectores de las demandas de los más necesitados, con la intención de facilitarle insumos para la generación de espacios y acciones que los lleven a superar los efectos de la emergencia, y a más largo plazo, su situación socioeconómica.

Para Alicia Bárcenas de la CEPAL: “El grado de desigualdad es también importante para evaluar hasta qué punto la crisis impactará en los grupos más vulnerables de la sociedad. Mientras más desigual sea un país, más llevarán estos grupos vulnerables el peso del impacto económico de la pandemia y menos recursos tendrán para combatirla. Atención especial debe darse a las mujeres por su doble rol de trabajadoras y cuidadoras”.

La atención inmediata a las situaciones vinculadas a la emergencia ha llevado a los países a aportar soluciones emergentes que tienen que ver con la cesantía de obligaciones de pagos al estado y negociado con los privados para generar nuevos plazos en el vencimiento de cuotas e intereses. Para solucionar la emergencia alimentaria muchos países han implementado prestaciones monetarias no condicionadas y canastas con alimentos. También están abiertos a los aportes de la cooperación internacional para enlentecer el impacto en la vida de los más pobres.

La perspectiva de mayor dificultad se presenta en un posible ahorcamiento del sistema sanitario si eventualmente se llegara a la situación que tienen algunos países como Italia y España. En este cuadro posible aún no se sabe cómo sería el abordaje a las poblaciones más alejadas de los centros urbanos y de las instituciones de atención sanitaria, no se sabe cómo resolver la falta de materiales para la atención específica o el déficit de personal técnico.

La percepción de Bárcena, CEPAL, debe ser una vía de reflexión sobre la perspectiva de la economía y como realizar un nuevo abordaje: “Necesitamos repensar todo, la economía completa. Necesitamos una nueva visión para enfocarnos en cómo sobrellevar este escenario tan difícil que tenemos por delante”, pero ese planteo tiene pendiente la participación de los actores marginalizados para aportar desde sus perspectivas las soluciones a sus problemas y a los problemas de sus regiones y evitar los centralismos ya múltiples veces probados y fracasados.

Montevideo, marzo de 2020

1 Fabiana Del Popolo Oficial de Asuntos de Población Coordinadora del Área de Demografía CELADE-División de Población de la CEPAL, Sesión Especial sobre Afrodescendientes de la Comisión de Asuntos Jurídicos y Políticos de la OEA 15 de febrero de 2018.

2 Susana Patricia Noguera Montoya, web de la Agencia Anadolu, Sistema de Difusión de AA News (HAS), y en forma resumida.

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