Sábado, 23 Octubre 2021

logo para cedet                                            Año 2021. Edición N° 15 / Registro ISSN-L: 2709-8079

TEMA En memoria de Carlos Velarde Reyes (Cito). A cinco años de su partida. Sus documentos de trabajo y opiniones que guardan vigencia

COLUMNISTAS

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La multiplicidad étnica y la experiencia afrodescendiente

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¿Cómo se manifiesta la identidad en un universo en el que diversos grupos étnicos comparten el mismo espacio?  La diversidad cultural tiene que responder a espacios de vida comunes: la escuela, el mercado, el trabajo, el mismo espacio urbano con sus servicios. La vida se desarrolla en espacios multiculturales en los que las expresiones originadas étnicamente suelen confundirse por la misma diversidad.

La interculturalidad, que es la interacción de culturas bajo un mismo sistema jurídico político y social, se asume existente en cualquier agrupación social en la que diversas culturas coexistan. Sin embargo, el reclamo por los derechos étnico culturales es constante en la mayoría de las sociedades, manifestándose la mayor gravedad en la discriminación racial o racismo.

EL CONFLICTO DE LAS CULTURAS

Por supuesto que por cultura entendemos a ese conjunto de manifestaciones humanas producidas por la interacción y que permiten definir una identidad cultural. La cultura está en la forma como nos relacionamos con el entorno. Esa forma, que es como el estilo de ser en el mundo, y es indesligable del grupo humano al que identifica.

Como es una interacción, la cultura es dinámica, y va evolucionando con el devenir. Es precisamente esta característica la que le permite sobrevivir: su capacidad de adaptación. Esta adaptación se da frente a ese entorno humano, biológico, ambiental, espacial, espiritual, que también es cambiante. Pero es importante destacar que en ese entorno también se incluye la presencia de otras culturas, que tienen otras cosmovisiones, que representan otra identidad.

La cultura normalmente está ligada al territorio, de hecho, la referenciación territorial es la primera que salta a la vista cuando se trata de determinar identidades, en especial étnicas. El territorio delimita, de alguna manera, el ámbito de la existencia cultural. Por supuesto que hay sus excepciones, como en el caso de los pueblos nómadas, quienes a pesar de ello tenían un ámbito territorial por el cual circulaban.

Pero el mundo mismo ha devenido en un cosmopolitismo con una predominancia de las ciudades, en las que a primera vista lo que se observa es la presencia de varias culturas conviviendo.  ¿Por qué se da la interacción de las culturas?

Realmente, el hombre, el grupo social, defiende su territorio y lo mantiene de manera que lo más normal es que territorio y cultura estén unidos en una sola identidad. Pero al mismo tiempo, otro factor que ha impulsado la actividad humana es la productiva, precisamente motivado por la escasez.  La motivación principal del hombre es la supervivencia y garantizar la reproducción. Por la necesidad de conseguir alimento, el hombre primitivo sale de su territorio a cazar o recolectar, el hombre más desarrollado saldrá a buscar mejores condiciones de vida, a ampliar los territorios para aumentar su producción y cubrir sus necesidades. Esta acción puede hacer que culturas distintas tengan por objetivo un mismo territorio y esto es origen de conflictos. Lo mismo es que se afirma que por la necesidad reproductiva y según Freud por temor al incesto, también solían buscar pareja fuera del ámbito de su cultura. De todos modos, esto nos indicaría que las primeras interacciones culturales eran conflictivas.

Ese elemento conflictivo es el que hace que el grupo vea al otro como amenaza. Al mismo tiempo, por la necesidad de fortalecer la cohesión, por la misma autoestima grupal, se van a establecer actitudes en favor de lo propio, en contra de lo ajeno. La xenofobia es una consecuencia de este proceso.

La necesidad de reproducirse lleva implícita la de expandirse, es decir, fundamentalmente la de hacer suyos más espacios territoriales para garantizar la vida de sus miembros. Mientras haya espacio abundante no hay mayor problema, cuando el espacio necesario está ocupado, o es apropiado por otro grupo, entonces hay que disputar para ganar ese espacio.

Parte de esta dinámica, como lo hemos dicho previamente, es la búsqueda de pareja fuera del grupo étnico, explicado en Totem y Tabú por Freud como producto del temor al incesto, y que simboliza la necesidad de diversificar también el grupo. En este caso es una relación en la que la cultura rival (todas son rivales) es buscada como fuente de diversidad genética. Esto establece una vinculación entre los grupos étnicos por la necesidad de contar con diversidad para el crecimiento.

Hay entonces una doble dinámica por la cual los grupos étnicos viven en conflicto, pero se necesitan. En términos psicoanalíticos, el eros y thanatos explican el comportamiento de las relaciones individuales, explicando el comportamiento de las relaciones grupales. Pero en el caso de las relaciones de grupo, la necesidad de afirmación hace que predomine el thanatos, es decir el enfrentamiento para asegurar la supervivencia.

Con esta dinámica simple los grupos étnicos tendrían una vida similar a la biológica, es decir nacer, crecer, reproducirse y morir. De hecho, muchas culturas han ido desapareciendo a lo largo del tiempo, y algunas desaparecerán posiblemente. Pero el fenómeno social en el que nos encontramos es el de la permanencia de varias culturas compartiendo un mismo territorio, es más, conviviendo.

DEL CONFLICTO A LA DOMINACIÓN

En esencia, la dinámica de la expansión, empuja al conflicto entre culturas. Pero este conflicto que primitivamente sería la apropiación de espacio territorial, o de recursos, va a devenir en la ocupación del espacio de la otra cultura. La invasión del entorno vital de la otra cultura es el dominio cultural. El grupo vencedor ocupará ese espacio imponiendo sus reglas de dominación coherentes con su concepción cultural del mundo. Es decir, imponiendo su cultura.

En grupos más primitivos las construcciones culturales son más simples y de alguna manera homogéneas. El factor importante es la necesidad de reproducción vital y las prácticas simples para alcanzarlo. Los vencidos serán de alguna manera expulsados, pero también habrá algunos incorporados. Esto resulta una ventaja para la diversidad del grupo, en especial en la era de los clanes, y también será una ventaja en el poder mismo del grupo. Un grupo más amplio tiene más poder, por tanto, puede crecer más.

Pero con el desarrollo de la conciencia de los grupos, se van desarrollando las culturas que incorporan nuevas costumbres como aspectos propios, se establece un patrón religioso, una forma de cuidar la estabilidad del grupo, etc. Estos elementos, que suelen partir de directivas prácticas van convirtiéndose en parte de la cultura, en normas de vida que hacen al mismo grupo. Esos elementos van a ser la identidad misma del grupo, por lo tanto, al dominar o ser dominado el conflicto no es simplemente de interés reproductivo social, es un problema de concepción del mundo.

Si en un momento el enfrentamiento era por mejoras terrenos o ámbitos para garantizar la supervivencia, con el desarrollo de las culturas el terreno cobra sentido; al ligarse al mismo grupo, la tierra llega a ser un elemento sagrado, posiblemente a partir del culto del clan o tronco familiar y de la costumbre de enterrar a los muertos. La tierra ya no es simplemente el espacio en el que se encuentran los recursos para la supervivencia, ahora es el espacio en el que descansan los ancestros, es sagrada y por lo tanto no se puede entregar a los extraños.

La dominación es un fenómeno en el que el conflicto cultural es mucho más importante. Los grupos son más grandes, no simples clanes sino ya grupos étnicos organizados, tienen mayor conciencia de la identidad en la cultura que incluye a la organización y para dominar tienen que imponer su cultura.

Suponemos que en algún momento se podría haber dado etnocidios reales, en cuanto la apropiación por dominación, la guerra, implicaba la desaparición de la cultura que ocupaba ese territorio. Si esto parece exagerado, miremos cómo desaparecieron prácticamente las culturas indígenas de Norteamérica ante la invasión británico - europea.  Pero la dominación se da más con la imposición de una cultura o patrón cultural. La supervivencia no es solo la reproducción de las necesidades biológicas sino la reproducción de la cultura, que es parte fundamental del grupo humano.

LA RESISTENCIA DE LAS CULTURAS

Es lógico que el devenir haga que las culturas vayan incrementando su patrimonio, por lo tanto, haciéndose más fuertes. Por ello la dominación, que va adquiriendo nuevos matices, pero continúa con la misma lógica, que pretende la imposición de un patrón cultural, sin embargo no consigue hacer desaparecer la cultura existente en el territorio dominado, e inclusive adopta, del dominado, patrones culturales que se incorporan a su propia cultura voluntaria o involuntariamente.

Las culturas tienden a defenderse permaneciendo por diversos medios aún en los ámbitos de dominación, ejerciendo una resistencia, ya no física, pero sí real para sobrevivir. Muchos ejemplos nos muestran cómo en medio de la dominación una cultura permanece y se hace inclusive más fuerte que la invasora. El caso más conocido es el de la cultura griega, que, dominada por los romanos, sin embargo, persiste en las formas religiosas, el tipo de gobierno y hasta en la filosofía.

Por otro lado, el fenómeno de dominación es tan variable que en una misma polis no solo se encuentra una cultura dominante y otra dominada, sino muchas más que han pasado el proceso y dejaron su huella. Rastros de culturas anteriores permanecen y de alguna manera se resisten a desaparecer.

Pero la resistencia de las culturas no es una existencia lateral, una simple supervivencia en medio de la dominación. La resistencia de las culturas es la actitud por mantener su existencia, conservando, inclusive, relaciones institucionales que le dan cohesión. Las culturas resistentes tienen un patrón organizativo comunicacional que hace que la cohesión no sea solo la identidad de origen y costumbres sino la capacidad de tener propuestas o pensamientos colectivos que están vigentes.

Por ello es que, a pesar de haber experiencias de largos períodos de dominación, aparecen elementos de resistencia sustentados en la cultura dominada, que en algún momento intentan retomar el control de la sociedad bajo sus patrones étnicos.

La referencia a un pasado común en el que su situación era mejor, el acervo cultural propio, la esperanza de poder retomar los mejores tiempos, son elementos que en las culturas dominadas empujan a una actitud subversiva contra la cultura dominante.

LA RESISTENCIA DE LOS AFRODESCENDIENTES

La diáspora es la tragedia cultural mayor que puede sufrir una cultura. No es que se invada su territorio y se le mantenga como dominado, es que se le arranca de su territorio a vivir una situación de dominación en otro territorio.

Sin la referencia al origen, sin los lugares sagrados, sin la presencia de la memoria colectiva de los ancianos, la diáspora de los afrodescendientes fue una experiencia brutal y abusiva, que solo podría darse si se les negaba la condición humana, que es lo que sucedió, por ello, la diáspora es parte de la esclavización.

Los africanos y luego los afrodescendientes se encuentran ligados a su origen solo por el recuerdo que puedan tener. No hay documentos, no hay imágenes, no hay culto, no hay nada que les permita referenciar simbólicamente su origen. Negados de la condición humana, también fueron negados de la capacidad de hacer historia, de crear arte, de desarrollar ciencia, de proponer la posibilidad de vida.

En medio de estas condiciones, el afrodescendiente está limitado a sobrevivir, no como cultura, sobrevivir simplemente como ser humano. En medio de estas condiciones lo único que se espera del afrodescendiente es su desaparición progresiva, dadas las condiciones que se establecían como hábitat.

Son precisamente las condiciones de vida las que van a marcar la construcción de una cultura de los afrodescendientes, para algunos una especie de subcultura.  Es una construcción que se desarrolla a partir de la experiencia misma de la condición, a partir de la experiencia de diáspora, pero no como la diáspora del pueblo judío en Babilonia, que se traslada con toda su cultura referencial, con una estructura espiritual que los une y los mantiene.

La experiencia de los afrodescendientes es prácticamente sin historia. África y su cultura originaria ya no son una unidad espiritual, no hay maestros, no hay sacerdotes, no hay una experiencia común de cultura. África es solo el territorio donde los sacaron, y probablemente no exista para ellos una conciencia como tal de ser provenientes de un África. Ellos venían de diversos grupos étnicos, de diversas culturas, de diversos espacios. Por ello es que las tradiciones religiosas de los afrodescendientes cuando existen las propias, son variadas, y construidas desde la misma experiencia en el territorio en el que habitan.

PASAR DEL NO SER AL SER

La esclavización era negar la condición humana a las personas que tenían como esclavos. La esclavitud es el elemento fundamental que define la época inclusive para los afrodescendientes no esclavos en América Latina. La condición de esclavo no era un castigo, no se le quitaba la libertad como a un prisionero. Se partía de que por su condición ya era esclavo, nació como tal y los hijos que engendren también serán esclavos. Por ello es que el fundamento de esa esclavitud es la negación de la condición humana, son el no ser. Es lógico que surgiera en la persona la necesidad de reivindicar su condición de ser. Es probable que existiesen algunos que asumieran una posición sumisa que acepte la condición de no ser, pero una persona nunca puede negarse realmente a sí mismo, siempre será consciente de su realidad de ser (humano), por ello hasta en la sumisión hay una consciencia interna que le dice que es y, por lo tanto, que ve como injusta la situación.

Pero la actitud natural es la de rebelarse y demostrarse como ser. Esto puede darse de diversos modos, lo importante es que ese mismo reconocimiento lo conduce a la necesidad de pertenencia, pues la negación del ser incluye la de pertenencia. Esa pertenencia no tiene historia, no tiene recuerdos, no tiene relaciones establecidas o formales. Tiene que construir su pertenencia desde los pocos elementos con que cuenta.

El más cercano es el otro esclavo, el que soporta la misma condición, el que es marcado por el mismo estigma. Construye la cultura a partir de las condiciones:

             Ausencia de territorio de origen.

             La característica común en el color de piel.

             El tipo de trabajo al que estaban destinados.

             La ausencia de libertad.

Es cierto que hoy en día la referencia al origen africano se ha convertido en signo distintivo de los movimientos afrodescendientes, pero esa referencia no es inmediata en la construcción de la cultura afrodescendiente. Los términos afro son más modernos, aunque la denominación de los esclavos por su origen remitía al África (congos, mandingos, etc.) poco les diría si consideramos que no tienen memoria histórica. Es en la interacción que se construye la cultura. Con todas las dificultades van estableciendo los parámetros culturales que les dan identidad, pasan del no ser al ser.

Por supuesto que este paso del no ser al ser tiene matices que confluyen en esa necesidad de afirmarse como seres humanos. La apropiación del espacio en el que se les confinaba, estableciendo reglas internas de convivencia, van reemplazando la ausencia del territorio de origen.

La solidaridad de los que se identifican por el color de la piel se hace tan fuerte que los libertos (en condiciones similares solo que con un tipo de trabajo menos fuerte y con libertad que les permite adquirir bienes) se identifican a esta cultura mayoritariamente, sienten mayor identidad con este grupo surgido de la experiencia de la esclavitud y construyen con ellos también esta cultura.

La creación de sus propias expresiones culturales, algunas permitidas como las cofradías, o el estilo de comida, algunas manifestaciones de festividad, son, de todos modos, formas de rebelarse contra el sistema que les niega la condición de ser. Son una forma de afirmar la condición de ser. Pero también las rebeliones individuales o grupales, la resistencia a los castigos, las fugas, actos ilícitos, son también parte de la afirmación del ser. Más plenamente es afirmación del ser la presencia de grupos que asumen la libertad como forma de vida, es decir, los palenques, van dando más fuerza a esta cultura conformada desde la experiencia del no ser.

La integración de las culturas

La integración de las culturas se da por dos fuerzas: por la imposición de la cultura dominante, por un lado, y por la necesidad de supervivencia de la cultura dominada. También por asimilación de la cultura dominante de aspectos pertenecientes a la cultura dominada, ya sea por asimilación pasiva o por estrategia de supervivencia.

Hay necesariamente un fenómeno de integración, sin el cual sería imposible la convivencia, y una toma de conciencia de la necesidad de integración. A pesar que el movimiento del mundo, y de las culturas, se ha desarrollado como una interacción conflictiva provocada por la necesidad de supervivencia y reproducción, el porvenir de las culturas está en la integración, que puede ser por imposición o por adaptación, pero que es necesaria, que es la única posibilidad de convivencia real de las culturas. Esa integración que no es gratuita, que no es simple, que requiere de un trabajo adecuado de reconocimiento del valor de la interculturalidad, del respeto a las tradiciones culturales y de la apertura a los cambios que el mundo todavía tiene que dar para llegar a una sociedad intercultural realmente democrática.

Pero la integración de las culturas pasa por una afirmación de las diversas culturas y el respeto a su desarrollo, y la eliminación real de la cultura dominante como tal. Porque una cultura dominante implica eliminar las otras manifestaciones culturales.

Diferente es la construcción de una experiencia cultural común en la que las diversas culturas que conviven pueden manifestarse y aportan a esta cultura.

Sábado, 10 de octubre de 2015.

Bibliografía

Freud, Sigmund. Obras completas de Sigmund Freud. Volumen XXI - El porvenir de una ilusión, El malestar en la cultura, y otras obras (1927-1931). 2. El malestar en la cultura (1930). Traducción José Luis Etcheverry. Buenos Aires y Madrid: Amorrortu. ISBN 978-950-518-597-9.

Fanon, Frantz. Los Condenados de la tierra. Fondo de Cultura Económica, México 1983. Título original: Les damnés de la terre © 1961 François Maspero, París.

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